Marte, tres llegadas y el futuro que viene.

La llegada de la sonda Perseverance a Marte, para El Cotidiano.

Créditos: NASA, Perseverance.

El jueves pasado, 18 de febrero de 2021, la sonda Perseverance enviada por la agencia espacial estadounidense, NASA, descendió sobre la superficie del planeta Marte, tras un viaje de más de seis meses durante los que recorrió 472 millones de kilómetros. Pocos días antes habían llegado al planeta rojo las sondas enviadas por Emiratos Árabes —Al-Amal—, y por China —Tianwen-1—, aunque estás dos siguen en órbita. Al-Amal nunca llegará a descender y Tianwen-1 lo hará dentro de unos meses, todavía no se ha hecho público cuántos.

Todo esto hace que la cifra de países con “presencia” en Marte —o que han visitado el planeta, al menos— ascienda a seis: Rusia, China, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos de América, India y Unión Europea. Todos ellos han logrado colocar sondas sobre la superficie o en la órbita planetaria, pero, por supuesto, la atención del mundo se haya ahora mismo centrada en el rover norteamericano, que ha enviado ya sus primeras imágenes.

Créditos: NASA, Bill Ingalls.

Los directivos de la NASA se mostraron exultantes: “Este es uno de esos puntos de inflexión para la Agencia Espacial Estadounidense, para los Estados Unidos y para la exploración espacial, en su conjunto”. Y no exageran; se trata de un momento histórico que dará inicio a un programa colonizador que los norteamericanos llevan años desarrollando y que pretende, como último objetivo, establecer asentamientos permanentes sobre suelo marciano.

Sin embargo, por el momento, el discurso oficial habla de la búsqueda de vida sobre o en el interior de Marte. Para ello, el rover de la Perseverance va equipado con cámaras de alta resolución cámaras de rayos X para detectar fósiles (PIXL), sistemas de medición química (SHERLOC) que permitirán analizar los sedimentos del cráter Jezero —45 kilómetros de ancho— y un equipo meteorológico, MEDA.

De hecho, va equipado incluso con un pequeño dron, el Ingenuity Mars Helicopter, que sobrevolará las arenas marcianas y que tendrá el honor de ser el primer dispositivo volador sobre otro planeta controlado desde la Tierra.

Perseverance buscará evidencias de que en algún momento del remoto pasado del planeta existió vida marciana y tomará muestras que, atención al dato, serán reenviadas a la Tierra. Los científicos consideran que Jezero es el lugar idóneo para buscar restos de vida microbiana, pues tiempo atrás —tres mil quinientos millones de años atrás— albergaba un lago lleno de agua, elemento que viene a ser a la vida, lo que el humo es al fuego.

Y aquí es donde llegamos por fin al significado último de todo este esfuerzo científico, tecnológico y económico: el establecimiento de bases permanentes sobre la superficie de Marte, algo que ya nadie se pregunta si ocurrirá algún día, sino cuándo sucederá.

Las posibilidades —y las consecuencias— que se abren para quienes dispongan de asentamientos humanos sobre la superficie marciana son tan enormes que resulta difícil abarcarlas en un solo vistazo. Se trata de un nuevo mundo, todo un planeta casi tan grande como la Tierra, esperando a que alguien vaya y lo colonice y quienes tienen los recursos económicos necesarios para hacerlo saben bien que merece la pena invertir lo que sea preciso para estar ahí desde el primer momento. Porque, no nos engañemos, los pioneros serán quienes marquen las reglas del juego, quienes reclamen para sí territorios y recursos minerales, quienes establezcan asentamientos humanos, colonias, explotaciones.

Es cierto que se han venido dando pasos para establecer algo parecido a una legislación que regule la actividad en el espacio exterior, en la Luna y en Marte, como los recientes Acuerdos Artemis, por ejemplo, pero la realidad es que no pasan de ser meras declaraciones bien intencionadas. El hecho de que Rusia y China no hayan querido firmar dichos Acuerdos ya dice bastante de por dónde van a ir los tiros (y ojalá solo sea una metáfora).

En cualquier caso, y como decíamos más arriba, esto es algo que va a ocurrir antes o después y que en mayor o menor grado nos afectará a todos. Quizá no al principio, pero sí a medida que esas colonias crezcan, se asienten y empiecen a funcionar de manera autónoma. Solo decirlo ya impresiona.

Si conseguimos sobrevivir a esta pandemia (algo que todavía no está claro), llegará el día en que los países de la Tierra se dividan entre quienes tienen presencia en Marte y quienes no la tienen. Y adivinen en qué grupo estaremos nosotros.

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